RITOS INICIALES
Una vez reunido el pueblo, el Obispo se dirige a la Puerta Santa mientras se entona un himno.
CANTO DE ENTRADA
(HIMNO A SAN JOSE)
Cuando termine el canto, el obispo y los fieles, todos de pie, hacen la señal de la cruz mientras el obispo, mirando al pueblo dice:
En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
℟. Amén.
La paz esté con ustedes.
℟. Y con tu espíritu.
ACTO PENITENCIAL
A continuación se hace el acto penitencial, al que el sacerdote invita a los fieles, diciendo:
Al comenzar esta celebración eucarística, pidamos a Dios que nos conceda la conversión de nuestros corazones; así obtendremos la reconciliación y se acrecentará nuestra comunión con Dios y con nuestros hermanos.
Pausa de silencio.
todos dicen en común la fórmula de la confesión general:
Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante ustedes, hermanos, que he pecado mucho de pensamiento, palabra, obra y omisión.
Y, golpeándose el pecho, dicen:
Por mi culpa, por mi culpa, por mí gran culpa.
Luego, prosiguen:
Por eso ruego a santa María, siempre Virgen, a los ángeles, a los santos y a ustedes, hermanos, que intercedan por mí ante Dios, nuestro Señor.
Sigue la absolución del sacerdote:
Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
℟. Amén.
SEÑOR TEN PIEDAD
(Kyrie eleison)
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
CRISTO TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
SEÑOR TEN PIEDAD DE NOSOTROS
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
DE NOSOTROS SEÑOR TEN PIEDAD
GLORIA
(Gloria in Excelsis deo)
GLORIA, GLORIA, GLORIA,
GLORIA A DIOS EN EL CIELO,
Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES
QUE AMA EL SEÑOR.
TE ALABAMOS, TE BENDECIMOS,
TE ADORAMOS, TE GLORIFICAMOS,
TE DAMOS GRACIAS, SEÑOR,
POR TU INMENSA GLORIA,
TE DAMOS GRACIAS,
¡SEÑOR! ¡SEÑOR!,
DIOS REY CELESTIAL,
DIOS PADRE TODO PODEROSO. ℟.
SEÑOR, HIJO ÚNICO JESUCRISTO,
SEÑOR, DIOS CORDERO DE DIOS,
HIJO DEL PADRE,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS,
TÚ QUE QUITAS EL PECADO DEL MUNDO,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
ATIENDE A NUESTRAS SÚPLICAS,
TÚ QUE ESTÁS SENTADO A LA DERECHA DEL PADRE,
TEN PIEDAD, TEN PIEDAD DE NOSOTROS.
PORQUE SOLO TÚ ERES SANTO,
SOLO TÚ SEÑOR
SOLO TU ALTÍSIMO, JESUCRISTO.
CON EL ESPÍRITU SANTO,
EN LA GLORIA DE DIOS PADRE.
AMÉN.
Liturgia de la palabra
Primera lectura
“el que ama a su hermano permanece en la luz”
(1ª carta de San Juan 2, 3-11)
Queridos hermanos:
La señal de que conocemos a Dios, es que cumplimos sus mandamientos.
El que dice: “Yo lo conozco”, y no cumple sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero en aquel que cumple su palabra, el amor de Dios ha llegado verdaderamente a su plenitud.
Ésta es la señal de que vivimos en Él. El que dice que permanece en Él, debe proceder como Él.
Queridos míos, no les doy un mandamiento nuevo, sino un mandamiento antiguo, el que aprendieron desde el principio: este mandamiento antiguo es la palabra que ustedes oyeron.
Sin embargo, el mandamiento que les doy es nuevo. Y esto es verdad tanto en Él como en ustedes, porque se disipan las tinieblas y ya brilla la verdadera luz. El que dice que está en la luz y no ama a su hermano, está todavía en las tinieblas. El que ama a su hermano permanece en la luz y nada lo hace tropezar. Pero el que no ama a su hermano, está en las tinieblas y camina en ellas, sin saber a dónde va, porque las tinieblas lo han enceguecido.
Palabra de Dios
R/. Te alabamos señor
Salmo responsorial
(Sal, 95, 1-3. 5b-6)
R/. ¡Alégrese el cielo y exulte la tierra!
Canten al Señor un canto nuevo, cante al Señor toda la tierra; canten al Señor, bendigan su Nombre. R/.
Día tras día, proclamen su victoria, anuncien su gloria entre las naciones, y sus maravillas entre los pueblos. R/.
El Señor hizo el cielo; en su presencia hay esplendor y majestad, en su Santuario, poder y hermosura. R/.
Aclamación antes del evangelio
(Lucas, 2, 32)
R/. Aleluya, Aleluya, Aleluya
Luz para iluminar a los paganos y gloria de tu pueblo Israel
R/. Aleluya, Aleluya, Aleluya
Evangelio
(Lucas 2, 22-35)
“Luz para iluminar a los paganos”
Después el diácono (o el sacerdote) va al ambón, y dice:
El Señor esté con ustedes.
El pueblo responde:
Y con tu espíritu.
El diácono (o el sacerdote), dice:
✠ Lectura del santo Evangelio según san lucas.
y, mientras tanto, hace la señal de la cruz sobre el libro y luego sobre sí mismo, en la frente, la boca y el pecho.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor.
Luego el diácono o el sacerdote, si procede, inciensa el libro y proclama el Evangelio.
Cuando llegó el día fijado por la Ley de Moisés para la purificación, llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: “Todo varón primogénito será consagrado al Señor”. También debían ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor.
Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, que era justo y piadoso, y esperaba el consuelo de Israel. El Espíritu Santo estaba en él y le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías del Señor. Conducido por el mismo Espíritu, fue al Templo, y cuando los padres de Jesús llevaron al niño para cumplir con Él las prescripciones de la Ley, Simeón lo tomó en sus brazos y alabó a Dios, diciendo:
“Ahora, Señor, puedes dejar que tu servidor muera en paz, como lo has prometido, porque mis ojos han visto la salvación que preparaste delante de todos los pueblos: luz para iluminar a las naciones paganas y gloria de tu pueblo Israel”.
Su padre y su madre estaban admirados por lo que oían decir de Él. Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: “Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos”.
Cuando termina el Evangelio, el diácono aclama:
Palabra del Señor.
El pueblo responde:
Gloria a ti, Señor Jesús.
Luego lleva el libro al Obispo, que lo besa en silencio y bendice al pueblo.
Después de la proclamación del Evangelio, el obispo pronuncia la homilía
Se dice el CREDO
Después de esto, el obispo invita al pueblo a bendecir a Dios con los textos de la Sagrada Escritura.
Bendito seas, Padre, porque sólo tú has hecho grandes cosas.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
El obispo prosigue:
Bendito seas, Hijo Unigénito, que con tu sangre nos has librado de los pecados.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
El obispo concluye:
Bendito seas, Espíritu Santo, consolador de las almas, dulcísimo consuelo.
℟. Su misericordia perdura para siempre.
A continuación exhorta a todos los fieles con las siguentes palabras:
Queridísimos fieles, hermanos y hermanas, elevemos nuestras oraciones a Dios Padre todopoderoso, que nos ha concedido la gracia de celebrar este Año Jubilar por los 10 años de nuestra Comunidad. Supliquemos que Él continúe derramando sus bendiciones sobre nosotros, fortaleciéndonos en nuestra misión y sosteniéndonos en nuestro camino de fe.
Luego se guardan unos momentos de silencio. Después, el obispo, con las manos juntas, dice:
Oremos
Y todos rezan con el obispo un momento, en silencio.
Luego, el obispo, con los brazos abiertos, dice la oración:
Dios eterno y todopoderoso, alabamos tu nombre porque nos has guiado a lo largo de estos diez años de existencia de nuestra Comunidad Católica en Minecraft. Con gran alegría y agradecimiento celebramos este Jubileo, recordando las maravillas que has obrado entre nosotros. A través de este mundo virtual nos has llamado a ser tus instrumentos, construyendo no solo edificios digitales, sino también una verdadera Iglesia viva, compuesta de corazones ardientes de amor por ti y por el prójimo.
Nos has abierto los caminos de la evangelización y la comunión, recordándonos que Cristo es la puerta de las ovejas y el fundamento de nuestra fe. Nos has hecho un pueblo sacerdotal, llamado a proclamar las maravillas de tu redención y a dar testimonio de tu amor, incluso en el entorno digital.
Por eso, al concluir este Año Jubilar, te pedimos que la puerta de la gracia que tu Hijo nos abrió nunca se nos cierre. Líbranos de la disensión, la indiferencia y toda iniquidad. Haz que seamos cada vez más signos vivos de hospitalidad, constructores de puentes, preocupados por el prójimo, fieles a nuestra misión y constructores de tu Reino, que no tiene fin.
Concédenos perseverancia en este camino, para que caminando juntos alcancemos la plenitud de la vida en tu presencia, donde podamos vivir para siempre con Cristo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.
El pueblo aclama:
Amén.
Luego, el obispo recibe la mitra y, arrodillado ante la Puerta Santa, reza en silencio unos instantes.
Después, se levanta y dice:
Por tu gran misericordia, entraré en tu casa, oh Señor. Ábreme las puertas de la justicia.
℟. Me inclinaré hacia tu santo templo.
El obispo cierra entonces en silencio la Puerta Santa.
TE DEUM
Terminada la oración después de la Comunión, se canta el A tí, oh Dios (Te Deum, laudamos).
RITO DE CONCLUSIÓN
BENDICIÓN SOLEMNE
El celebrante recibe la mitra y, extendiendo las manos, dice:
El Señor esté con ustedes.
Todos responden:
Y con tu espíritu.
Y, enseguida, el Obispo, con las manos extendidas sobre el pueblo, pronuncia la bendición:
El Dios de infinita bondad que por la encarnación de su Hijo disipó las tinieblas del mundo y por su glorioso nacimiento iluminó este santísimo día disipe las tinieblas del pecado e ilumine sus corazones con el esplendor de las virtudes.
Todos:
Amén.
El Obispo:
Él, que por medio del ángel quiso anunciar a los pastores la gran alegría del nacimiento del Salvador, llene de gozo sus corazones y los haga mensajeros de su Evangelio.
Todos:
Amén.
El Obispo:
Él, que por la encarnación de su Hijo unió la tierra con el cielo, les conceda la abundancia de su paz y de su amor, y los haga partícipes de la Iglesia celestial.
Todos:
Amén.
Y bendice a todo el pueblo añadiendo:
Y la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo ✠ y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.
Todos responden:
Amén.
Luego el diácono, o el sacerdote, despide al pueblo con una de las fórmulas siguientes:
Vivan la vida misionera en acción y vocación. Pueden ir en paz.
℟. Demos gracias a Dios.
CANTO DE SALIDA
